Visitar Pekín: Mercado de la seda:

En este tradicional centro comercial de cinco pisos se concentran más de mil quinientos comerciantes vendiendo sus productos y es posible encontrar, literalmente, de todo, desde zapatillas de primerísimas marcas (Converse, New Balance, Puma, Nike…) hasta ropa interior, vestidos, bolsos, relojes y carteras.
Su rasgo más característico es el regateo: un precio puede bajar considerablemente si el comprador está dispuesto a pasarse una hora (normalmente más) “discutiendo” con el vendedor.
Según el mito, los expertos en regateos pueden lograr descuentos del 1000% comprando en 10 euros lo que antes le habían ofrecido a 100… pero eso requiere tiempo y MUCHA paciencia.

Ciudad Prohibida:

Desde aquí gobernaron el gran imperio chino veinticuatro emperadores desde 1420, año de su construcción, hasta 1912, cuando fue derrocada la última dinastía feudal.
El lugar cuenta con numerosas atracciones que cada año atraen a siete millones de visitantes, incluyendo los pabellones donde vivían las concubinas del rey (que sumaban centenares) y el Palacio de verano, conocido por sus amplios, simétricos y coloridos jardines.
La ciudad Prohibida fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1987 y, desde entonces, está siendo sometida a un proceso de restauración para que los edificios puedan verse con el aspecto que tenían en su periodo de apogeo.

Visitar Pekín: Gran Muralla China:

Una de las construcciones más grandes del mundo: recorre más de siete mil kilómetros, de Shanghaiguan (“Primer paso bajo el cielo”, ubicado en la provincia de Hebei) hasta Jiayuguan, atravesando montañas, llanuras y desiertos, lo que resulta (especialmente visto desde el cielo) impresionante, como una gigantesca serpiente marrón que no parece tener principio ni fin.
Según la leyenda, trabajaron más de un millón de personas en su construcción, incluyendo soldados, campesinos obligados a dejar sus tierras y convictos.

Fue creada con el objetivo de detener las incursiones de ejércitos enemigos, pero, al menos en dos ocasiones, los mongoles lograron atravesarla en sus famosos ataques relámpago a caballo.
Hoy, gran parte de la muralla no puede visitarse por su avanzado estado de deterioro, sin embargo, existen secciones, reconstruidas especialmente por el gobierno, que merecen la pena conocerse, especialmente dos tramos:

“Badaling”: se encuentra a ochenta kilómetros de Pekín; fue la primera en habilitarse para las visitas turísticas y cuenta con confortables restaurantes y hoteles además de un moderno teleférico. En 1972, como parte de su política de acercamiento al gobierno chino, el presidente norteamericano Richard Nixon visitó el lugar junto a su eposa.“Mutianyu” se encuentra a menos de cien kilómetros de Pekín y, su principal atractivo, es que, al ser menos popular que “Badaling”, permite recorrerla con mucha más tranquilidad, sin tener que sufrir el apuro de otros visitantes: completamente restaurada, cuenta con una veintena de torres de vigilancia y es la sección más larga de la muralla habilitada para el turismo; rodeada por imponentes montañas y bosques, la vista desde este lugar es realmente fantástica.

Plaza de Tian’anmen:

Es sonsiderada la plaza más grande del mundo gracias a sus 400 mil metros cuadrados divididos en 880 metros de norte a sur y 500 metros de este a oeste; fue construida en 1949 para celebrar la creación oficial de la República Popular de China.
Allí se realizaron innumerables actos políticos, incluyendo uno que marcó un antes y un después en la historia del mundo: la protesta estudiantil de 1989 que terminó con la muerte de miles de estudiantes y un recrudecimiento de las medidas represivas por parte del gobierno comunista.
El edificio que da nombre a la plaza es la puerta de TIan’anmen, ubicada al norte, usada tradicionalmente para acceder a la Ciudad Prohibida; al sur se encuentra la Torre Quianmen, un museo donde se cuenta la historia de Beijing.
Al este y al oeste se encuentra el Museo Nacional de China y el Palacio del Pueblo, sede oficial del gobierno.
En el centro de la plaza puede verse el imponente Monumento a los Héroes del Pueblo, un obelisco de casi cuarenta metros, construido íntegramente en granito; y el Mausoleo de Mao, donde se conserva, embalsamado, el cuerpo del primer presidente de la República Popular China.

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